Diciembre cambia el ritmo de las ciudades y de los pueblos en el Perú. No es solo una fecha marcada en el calendario, sino un momento en el que las calles, las casas y las plazas empiezan a moverse distinto. Se compra, se arma, se espera. Y en medio de todo eso, la Navidad va tomando forma a través de gestos que se repiten año tras año.
Más que una celebración uniforme, la Navidad en el Perú se construye a partir de prácticas concretas que tienen lugar en espacios muy específicos. Ferias que aparecen solo un día, objetos que se preparan con anticipación y danzas que vuelven cada diciembre revelan una manera de celebrar ligada a la costumbre y a la vida cotidiana. En este recorrido, exploramos tres tradiciones que muestran cómo la Navidad se vive de forma distinta según el lugar, pero siempre con un fuerte sentido cultural y comunitario.
1 | Santurantikuy: la Navidad en Cusco
El Santurantikuy y la Nochebuena cusqueña
Cada 24 de diciembre, la Plaza Mayor de Cusco entra en un movimiento distinto con el Santurantikuy, una feria navideña que ocurre cuando la ciudad ya está volcada en la Nochebuena. No aparece como un evento paralelo, sino como parte del mismo día en que las familias terminan de preparar el nacimiento en casa. Por eso, acercarse a la plaza no responde al paseo ni a la curiosidad: responde a una necesidad concreta ligada a esa noche.
La feria, los artesanos y los nacimientos
El propio nombre Santurantikuy —“venta de santos” en quechua— define con precisión lo que sucede en la feria. En los puestos se ofrecen imágenes religiosas pensadas para armar o completar el nacimiento navideño: el Niño Jesús, la Sagrada Familia, pastores y animales trabajados en yeso, madera o cerámica. La compra no es decorativa ni impulsiva, sino funcional, porque apunta a cerrar el armado del nacimiento antes de la celebración.

A partir de esa práctica, la feria deja ver quiénes sostienen la tradición en el tiempo. Artesanos locales y familias cusqueñas recorren los puestos con un criterio práctico, comparando tamaños, gestos y acabados. Muchas figuras incorporan rasgos andinos en la vestimenta o en el estilo, no como adorno, sino como parte de un imaginario ya asumido por la ciudad. Esa relación directa entre la plaza y el espacio doméstico explica por qué el Santurantikuy sigue marcando la Navidad en Cusco cada diciembre.
2 | Los retablos navideños de Ayacucho
El retablo y la Navidad ayacuchana
En Ayacucho, la Navidad también se vive a través de objetos que recrean la escena del nacimiento “ya armada”. Los retablos navideños son expresiones del arte popular religioso que cobran especial protagonismo en diciembre, cuando estas piezas empiezan a circular con fuerza en las casas y espacios devocionales. Más que simples adornos, funcionan como una manera concreta de tener la escena central de la Navidad presente dentro del hogar.
Talleres, escenas y uso doméstico
Los retablos dedicados a la Navidad suelen representar el nacimiento del Niño Jesús dentro de una caja de madera con puertas, acompañado por la Sagrada Familia, pastores y animales. Las figuras se modelan y pintan a mano, y en muchos casos incorporan vestimentas o rasgos locales que aparecen de forma natural, como parte del estilo propio de cada artesano.

A partir de ahí, el retablo encuentra su lugar en las fiestas. En muchos hogares se coloca junto al nacimiento tradicional o funciona como la escena completa por sí solo, ocupando menos espacio. Su presencia responde menos a un criterio decorativo y más a una costumbre arraigada que viene de talleres familiares. Estos talleres siguen produciendo y renovando estas piezas cada diciembre, manteniendo viva la tradición.
3 | Los Negritos de Huánuco en Navidad
La danza y el ciclo navideño
En Huánuco, la Navidad también se vive en las calles a través de Los Negritos, una danza tradicional que aparece cada año durante el ciclo navideño. Comienza en los días cercanos al 25 de diciembre y se extiende hasta Reyes, acompañando celebraciones religiosas ligadas al nacimiento del Niño Jesús. No es una presentación aislada ni esporádica, sino una práctica que se repite cada diciembre y hace visible la Navidad fuera de las casas y de las iglesias.
Recorridos, cuadrillas y sentido comunitario
Durante esas fechas, las comparsas recorren plazas, iglesias y barrios, entrando a espacios donde hay nacimientos o se realizan actos religiosos. Los danzantes se organizan en cuadrillas y siguen recorridos que se repiten año tras año, lo que le da a la danza un lugar reconocible dentro del calendario navideño local.

La música, la vestimenta bordada y el uso de máscaras permiten identificar la danza con claridad. Pero su peso no está solo en lo que se ve, sino en la participación colectiva y en la repetición anual, que mantiene viva una costumbre directamente ligada a la Navidad y sostenida por la propia comunidad.
Una Navidad que se vive en cada lugar
La Navidad en el Perú no se vive de una sola manera. En Cusco, el Santurantikuy marca el pulso del 24 de diciembre y convierte la plaza en parte de la Nochebuena; en Ayacucho, los retablos reúnen la escena del nacimiento en objetos que pasan de generación en generación; y en Huánuco, los Negritos llevan la celebración a las calles con una danza que vuelve cada año. Son prácticas distintas, pero todas comparten algo en común: una Navidad que se vive, se repite y se reconoce en lo cotidiano.
Conocer estas tradiciones en el lugar donde ocurren ayuda a entender por qué forman parte de las maravillas del Perú más allá de los destinos más conocidos. Caminar por las calles de Cusco en estas fechas, recorrer espacios históricos como la Lima Colonial o planear un viaje con sentido cultural cambia por completo la experiencia. Con Viagens Machu Picchu, cada recorrido se piensa desde ese enfoque: viajar sin apuro, con contexto, y con tiempo para entender qué se celebra y por qué.
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